Arte es mi palabra favorita
Curaduría por Ad Minoliti
Con texto de Fernanda Laguna, Santiago Villanueva y Diana Aisenberg.
de Sousa galería
2026

























Tres amigas se encuentran en el taller de una de ellas para hablar de su próxima exposición:
Amiga 1: ¡Hablemos de tu próxima exposición!
Amiga 2: Se va a llamar Arte es mi palabra favorita.
Amiga 3: Me encanta.
Amiga 2: Son nueve metros de ángeles y madonas con niños azules y verdes. Arte sacro por metraje. Y las Geometrías Posibles, que todavía no les mostré, van a la pared. El arte sacro y el arte sin problemas como las dos caras de la moneda. Cuando entrás hay once metros de rollo, todo lo que mide la pared de la izquierda: Geometrías Posibles. Es mi nuevo amor. Realmente mi nuevo amor. También sobre papel de empapelar.
Amiga 3: Y este de acá, ¿es el Sin Problemas?
Amiga 1: Es casi lo opuesto al Arte Sacro. Sin Problemas es lo más nuevo de la muestra, ¿no? Porque lo otro es algo que ya venías trabajando desde hace tiempo.
Amiga 2: Sí. Tiene que ver con colorear los agujeritos, simplemente. La idea está en mis cuadernos. Pero lo que puedo reconocer es todo el tiempo que le dediqué a querer que mi pintura tuviera la onda de los cuadernos: dejé de hacerlos porque quería que la pintura fuera así, espontánea, sin que se notara la intención. Como cuando dejás el óleo al lado del teléfono y te olvidás dónde lo pusiste. Que la ley compositiva y el criterio no se puedan identificar fácil.
Amiga 3: Un montón, nueve metros sin problemas.
Amiga 2: ¿Desenvuelvo el Sin Problemas?
Amiga 3: Desenvolvé la Geometría Posible.
Amiga 1: Dame un metro de Sin Problemas.
Amiga 3: Son como catálogos, ¿no? Como si quien las elige después se preguntara: ¿por qué pintar? Una forma te trae la otra. El hábito hace al monje.
Amiga 2: Y el papel enrollado hace a la obra. Todo es de estudio, de continuidad, de práctica. Una práctica casi monacal.
Amiga 3: Yo pensaba: si pegar papeles en la pintura es collage, esto es un collage al revés. Pintás sobre papeles que después van en la pared. Un collage invertido.
Amiga 2: Los rollos siguen la tradición de pedirle a la gente el soporte. Empiezan con el diccionario: pedir qué querés decir cuando usás tal palabra. O sea, vienen de la palabra. Y después pido la bijou: cuando me harto de que todo el mundo escriba, empiezo a pedir algún objeto en desuso, algo del cajón sucio, del arito.
Algo que haya estado en el cuerpo. Y después pido los manteles de la familia, que ahí empieza la cosa ancestral. Y ya más adelante digo: ¿No tenés algún empapelado que sobró? Y así me traen. Son todos regalados, todos.
Amiga 1: Y yo siento que los papeles dejan de ser lo que eran. Como que la pintura los hace abandonar su identidad anterior. A veces me cuesta darme cuenta de que son manteles, o de que son empapelados.
Amiga 2: Me gusta olvidarme de que son empapelados. ¿Viste que tienen unas rayas blancas? Como si psíquicamente el papel se fusionara con la pintura y se volviera otra cosa.
Amiga 1: ¿Y estos van a estar a la altura de la vista o en el zócalo? Amiga 2: Todos a la altura de la vista. Tiene una capillita medio en diagonal, donde va a ir el Arte Sacro. Y del lado de afuera va Sin Problemas.
Amiga 3: ¡Qué lindo! Arte Sacro y Sin Problemas.
Amiga 2: Sin Problemas tiene más que ver con un abstracto colorido, más porque sí. Sin la supuesta carga mística o pretenciosa que puedan tener otros abstractos. Y después de las obras viene la mesa, que hace las veces de piso.
Amiga 3: Lo sacro es un poco tramposo a veces, porque tiene más distancia que el arte religioso. Como que es una categoría más amplia. Arte religioso da más para abajo; lo sacro puede ser mil cosas. Incluso hay sacralizaciones y desacralizaciones. Vos, por ejemplo, desacralizás la Madonna y la volves a sacralizar a través del arte. Hay como una doble vuelta: la Madona es venerada, pero ya no es la Madonna de la Virgen María.
Amiga 1: Pensaba justamente en eso, en sacralizar y desacralizar, porque estuve leyendo algo que capaz ya conocen: la idea de la descreación, de Simone Weil. Amiga 2: Simone Weil es una de mis preferidas. Era judía y media monja.
Amiga 1: Exacto. Yo no la había leído antes. Habla de la descreación como un proceso religioso: alejarte de la creación para descrear.
Amiga 3: Y que es un proceso mucho más intenso que la creación misma.
Amiga 2: ¿Cómo sería descrear? ¿No tiene algo que ver con la deconstrucción?
Amiga 1: Acá les leo un poquito. Dice que es el intento de deshacer el ego, el yo individual, para dejar espacio a algo más alto. Dios es la verdad, lo impersonal y lo absoluto. Para Simone Weil, la creación del mundo implica una especie de retirada de Dios: Dios crea al dejar de existir algo distinto de sí. Entonces el ser humano puede responder mediante la descreación, renunciando a la ilusión de centralidad del yo, al deseo de dominio, prestigio o posesión. No es suicidio ni autodestrucción, sino una práctica de desapego radical. Debemos descrearnos para que Dios pueda amar en nosotros. Para mí, esa es la definición de obra de arte. No hay posibilidad de generar obra sin ese proceso.
Amiga 3: Es hermoso.
Amiga 1: ¿Este también va en la sala de Geometría Posible?
Amiga 2: No. La Geometría Posible ocupa toda una pared. Y después viene La Niña Ideal, creo.
Amiga 3: La Niña Ideal es una figura que aparece paralela a la Arquitectura del Cielo, pero que se junta con toda la obra y conversa con las madonas. Hay una parte de los 80 que no está tan mostrada, que se llama Mujeres Niñas Reinas. Hay novias. Siempre aparece de alguna manera, en algún lugar de la mujer. Pero La Niña Ideal se quedó como diez años.
Amiga 1: Y es a veces como una niña más pecadora también, ¿no?
Amiga 2: Siempre es una niña pecadora. Nunca La Niña Ideal soy yo. Siempre es la idea que te enseñaron.
Amiga 3: A mí me hace pensar en cartas que tienen a La Niña Ideal, la madona. Son arquetipos de una idea que después se desarrolla en un montón de pinturas. Hay una fuente de donde sale ese arquetipo. Algo ancestral.
Amiga 2: Sí, ancestral. Y a veces son adultas convertidas en niñas.
Amiga 1: ¿Van uno arriba del otro?
Amiga 2: No. Este que ves acá es Qué hacer con el dolor. Es el de los huesos. Es muy precioso. Va en la pared de salida: cuando salís, te queda una pared antes de la puerta, y ahí va.
Amiga 3: En este se ve claramente la idea del estudio. Y el estudio puede tener categoría de obra también, ¿no? Revalorizar estadios menores del arte, como el boceto, y darle un carácter de pieza terminada.
Amiga 2: Todos los rollos tienen ese espíritu: la investigación, el desarrollo de algo. La práctica sostenida.
Amiga 3: Es todo así. La estructura del camino: todo es un camino, las obras se superponen y se continúan. Pienso en la frase de Gumier Maier, mi tao. Y acá es un camino con muchos otros caminos adentro, de personas que ya pensaron e hicieron algo sobre eso.
Amiga 2: Es lindo eso. A mí me gusta tanto pensar la pintura como una pregunta, como algo que se plantea y se contesta en la obra misma. Por eso no tiene una respuesta fija. Yo hago mucho eso. Pero a veces no tenés ni pregunta ni motivo y te sentís un imbécil.
Amiga 1: Claro, a todos nos pasa.
Amiga 3: Y a veces encontrar un motivo hace que te despreocupes de un montón de otras cosas. Decís: flores. Me voy a focalizar en flores. Y ya no estás pensando en si tu obra es contemporánea o no. Quiero pintar flores, no quiero perder el sueño por hacer una obra contemporánea.
Amiga 2: Volviendo a lo de la descreación: pintar pero no desde el yo, sino desde la pintura misma. Que el yo se disuelva y uno pinte desde algo más profundo que no es el ego. Si me preguntás qué me mueve, tanto cuando pinto como cuando escribo, es eso: que ya no soy yo porque lo hice. Lo van a decir los otros, lo van a usar los otros, y ya no soy yo.
Amiga 3: Pero a veces el yo se disuelve solo, por ejemplo cuando estás bailando en una fiesta con mucha gente. Tu yo se disuelve y los demás forman parte de uno. Y no es que sea malo el yo, es muy necesario. Cuando decís que no es el yo... ¡no! ¡Volvé! ¡Te necesito!
Amiga 2: Sí, algo así. Y por eso estas obras son como obras de peregrinación: hay que caminarlas, se miran peregrinando. Quieta no te sirve, así no las ves. Amiga 1: No hay nada más placentero que recorrer una muestra sin parar. Está muy bueno eso. Amiga 2: Son para girar. Tienen cielo, arcoíris, el ojo, el toroide, el corazón con alas. Yo le puse alas a todo: al huevo, a la tuerca. A lo que puedo le pongo alas. Es como un ansia de nacer todo el tiempo.
Amiga 1: Todo es muy retrospectivo, como una mini retrospectiva tuya hecha desde ahora, mirándote para atrás. Hay vacas, hay madonas.
Amiga 2: Y lo que decías recién: uno piensa la Madonna de los 80 como algo fijo, pero la Madonna de hoy también es tuya. Tu Luis Miguel es tu Luis Miguel de cuando vos quieras, si lo querés pintar hoy.
Amiga 3: Como que decir "ya lo hice, no puedo repetirme" es una trampa. Ella los hizo diferentes, pero diciendo: todo esto es mío. Puedo agarrar las imágenes que cree antes y usarlas de vuelta. Y siguen siendo actuales.
Amiga 1: En los empapelados la pintura se pintó sola, vos no la controlaste del todo. Y estas manchas blancas tampoco las pintaste. Hay algo de dejar que la pintura se manifieste por sí misma.
Amiga 3: Me encanta eso. Es lindo que también aparezca la mesa, que no haya bastidores ni cuadros colgados. Los rollos y la mesa hacen que todo sea más... En eso pienso, en lo sagrado y la casa: la casa como espacio íntimo, lo sagrado como lo que te conecta con otra cosa. La muestra tiene eso, es muy doméstica y a la vez tiene algo de extraño, de lo sagrado colándose en lo cotidiano.
Amiga 2: Está bueno que digas "la casa" porque yo pienso en eso todo el tiempo y sin embargo nunca lo nombramos. Está la mesa, está el empapelado, está la baldosa. Y la casa es también el lugar donde pueden haber apariciones.
Amiga 1: El empapelado hace eso: genera apariciones. ¿Viste el efecto de las maderas en el techo, que empezás a ver formas en el machimbre? Con los empapelados pasa lo mismo: los conejitos que aparecen, la mancha de humedad. Esa cosa de las apariciones de la casa.
Una conversación entre Fernanda Laguna, Santiago Villanueva y Diana Aisenberg, Mayo 2026.
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Arte es mi palabra favorita
Curaduría por Ad Minoliti
Con texto de Fernanda Laguna, Santiago Villanueva y Diana Aisenberg.
de Sousa galería
2026

























Tres amigas se encuentran en el taller de una de ellas para hablar de su próxima exposición:
Amiga 1: ¡Hablemos de tu próxima exposición!
Amiga 2: Se va a llamar Arte es mi palabra favorita.
Amiga 3: Me encanta.
Amiga 2: Son nueve metros de ángeles y madonas con niños azules y verdes. Arte sacro por metraje. Y las Geometrías Posibles, que todavía no les mostré, van a la pared. El arte sacro y el arte sin problemas como las dos caras de la moneda. Cuando entrás hay once metros de rollo, todo lo que mide la pared de la izquierda: Geometrías Posibles. Es mi nuevo amor. Realmente mi nuevo amor. También sobre papel de empapelar.
Amiga 3: Y este de acá, ¿es el Sin Problemas?
Amiga 1: Es casi lo opuesto al Arte Sacro. Sin Problemas es lo más nuevo de la muestra, ¿no? Porque lo otro es algo que ya venías trabajando desde hace tiempo.
Amiga 2: Sí. Tiene que ver con colorear los agujeritos, simplemente. La idea está en mis cuadernos. Pero lo que puedo reconocer es todo el tiempo que le dediqué a querer que mi pintura tuviera la onda de los cuadernos: dejé de hacerlos porque quería que la pintura fuera así, espontánea, sin que se notara la intención. Como cuando dejás el óleo al lado del teléfono y te olvidás dónde lo pusiste. Que la ley compositiva y el criterio no se puedan identificar fácil.
Amiga 3: Un montón, nueve metros sin problemas.
Amiga 2: ¿Desenvuelvo el Sin Problemas?
Amiga 3: Desenvolvé la Geometría Posible.
Amiga 1: Dame un metro de Sin Problemas.
Amiga 3: Son como catálogos, ¿no? Como si quien las elige después se preguntara: ¿por qué pintar? Una forma te trae la otra. El hábito hace al monje.
Amiga 2: Y el papel enrollado hace a la obra. Todo es de estudio, de continuidad, de práctica. Una práctica casi monacal.
Amiga 3: Yo pensaba: si pegar papeles en la pintura es collage, esto es un collage al revés. Pintás sobre papeles que después van en la pared. Un collage invertido.
Amiga 2: Los rollos siguen la tradición de pedirle a la gente el soporte. Empiezan con el diccionario: pedir qué querés decir cuando usás tal palabra. O sea, vienen de la palabra. Y después pido la bijou: cuando me harto de que todo el mundo escriba, empiezo a pedir algún objeto en desuso, algo del cajón sucio, del arito.
Algo que haya estado en el cuerpo. Y después pido los manteles de la familia, que ahí empieza la cosa ancestral. Y ya más adelante digo: ¿No tenés algún empapelado que sobró? Y así me traen. Son todos regalados, todos.
Amiga 1: Y yo siento que los papeles dejan de ser lo que eran. Como que la pintura los hace abandonar su identidad anterior. A veces me cuesta darme cuenta de que son manteles, o de que son empapelados.
Amiga 2: Me gusta olvidarme de que son empapelados. ¿Viste que tienen unas rayas blancas? Como si psíquicamente el papel se fusionara con la pintura y se volviera otra cosa.
Amiga 1: ¿Y estos van a estar a la altura de la vista o en el zócalo? Amiga 2: Todos a la altura de la vista. Tiene una capillita medio en diagonal, donde va a ir el Arte Sacro. Y del lado de afuera va Sin Problemas.
Amiga 3: ¡Qué lindo! Arte Sacro y Sin Problemas.
Amiga 2: Sin Problemas tiene más que ver con un abstracto colorido, más porque sí. Sin la supuesta carga mística o pretenciosa que puedan tener otros abstractos. Y después de las obras viene la mesa, que hace las veces de piso.
Amiga 3: Lo sacro es un poco tramposo a veces, porque tiene más distancia que el arte religioso. Como que es una categoría más amplia. Arte religioso da más para abajo; lo sacro puede ser mil cosas. Incluso hay sacralizaciones y desacralizaciones. Vos, por ejemplo, desacralizás la Madonna y la volves a sacralizar a través del arte. Hay como una doble vuelta: la Madona es venerada, pero ya no es la Madonna de la Virgen María.
Amiga 1: Pensaba justamente en eso, en sacralizar y desacralizar, porque estuve leyendo algo que capaz ya conocen: la idea de la descreación, de Simone Weil. Amiga 2: Simone Weil es una de mis preferidas. Era judía y media monja.
Amiga 1: Exacto. Yo no la había leído antes. Habla de la descreación como un proceso religioso: alejarte de la creación para descrear.
Amiga 3: Y que es un proceso mucho más intenso que la creación misma.
Amiga 2: ¿Cómo sería descrear? ¿No tiene algo que ver con la deconstrucción?
Amiga 1: Acá les leo un poquito. Dice que es el intento de deshacer el ego, el yo individual, para dejar espacio a algo más alto. Dios es la verdad, lo impersonal y lo absoluto. Para Simone Weil, la creación del mundo implica una especie de retirada de Dios: Dios crea al dejar de existir algo distinto de sí. Entonces el ser humano puede responder mediante la descreación, renunciando a la ilusión de centralidad del yo, al deseo de dominio, prestigio o posesión. No es suicidio ni autodestrucción, sino una práctica de desapego radical. Debemos descrearnos para que Dios pueda amar en nosotros. Para mí, esa es la definición de obra de arte. No hay posibilidad de generar obra sin ese proceso.
Amiga 3: Es hermoso.
Amiga 1: ¿Este también va en la sala de Geometría Posible?
Amiga 2: No. La Geometría Posible ocupa toda una pared. Y después viene La Niña Ideal, creo.
Amiga 3: La Niña Ideal es una figura que aparece paralela a la Arquitectura del Cielo, pero que se junta con toda la obra y conversa con las madonas. Hay una parte de los 80 que no está tan mostrada, que se llama Mujeres Niñas Reinas. Hay novias. Siempre aparece de alguna manera, en algún lugar de la mujer. Pero La Niña Ideal se quedó como diez años.
Amiga 1: Y es a veces como una niña más pecadora también, ¿no?
Amiga 2: Siempre es una niña pecadora. Nunca La Niña Ideal soy yo. Siempre es la idea que te enseñaron.
Amiga 3: A mí me hace pensar en cartas que tienen a La Niña Ideal, la madona. Son arquetipos de una idea que después se desarrolla en un montón de pinturas. Hay una fuente de donde sale ese arquetipo. Algo ancestral.
Amiga 2: Sí, ancestral. Y a veces son adultas convertidas en niñas.
Amiga 1: ¿Van uno arriba del otro?
Amiga 2: No. Este que ves acá es Qué hacer con el dolor. Es el de los huesos. Es muy precioso. Va en la pared de salida: cuando salís, te queda una pared antes de la puerta, y ahí va.
Amiga 3: En este se ve claramente la idea del estudio. Y el estudio puede tener categoría de obra también, ¿no? Revalorizar estadios menores del arte, como el boceto, y darle un carácter de pieza terminada.
Amiga 2: Todos los rollos tienen ese espíritu: la investigación, el desarrollo de algo. La práctica sostenida.
Amiga 3: Es todo así. La estructura del camino: todo es un camino, las obras se superponen y se continúan. Pienso en la frase de Gumier Maier, mi tao. Y acá es un camino con muchos otros caminos adentro, de personas que ya pensaron e hicieron algo sobre eso.
Amiga 2: Es lindo eso. A mí me gusta tanto pensar la pintura como una pregunta, como algo que se plantea y se contesta en la obra misma. Por eso no tiene una respuesta fija. Yo hago mucho eso. Pero a veces no tenés ni pregunta ni motivo y te sentís un imbécil.
Amiga 1: Claro, a todos nos pasa.
Amiga 3: Y a veces encontrar un motivo hace que te despreocupes de un montón de otras cosas. Decís: flores. Me voy a focalizar en flores. Y ya no estás pensando en si tu obra es contemporánea o no. Quiero pintar flores, no quiero perder el sueño por hacer una obra contemporánea.
Amiga 2: Volviendo a lo de la descreación: pintar pero no desde el yo, sino desde la pintura misma. Que el yo se disuelva y uno pinte desde algo más profundo que no es el ego. Si me preguntás qué me mueve, tanto cuando pinto como cuando escribo, es eso: que ya no soy yo porque lo hice. Lo van a decir los otros, lo van a usar los otros, y ya no soy yo.
Amiga 3: Pero a veces el yo se disuelve solo, por ejemplo cuando estás bailando en una fiesta con mucha gente. Tu yo se disuelve y los demás forman parte de uno. Y no es que sea malo el yo, es muy necesario. Cuando decís que no es el yo... ¡no! ¡Volvé! ¡Te necesito!
Amiga 2: Sí, algo así. Y por eso estas obras son como obras de peregrinación: hay que caminarlas, se miran peregrinando. Quieta no te sirve, así no las ves. Amiga 1: No hay nada más placentero que recorrer una muestra sin parar. Está muy bueno eso. Amiga 2: Son para girar. Tienen cielo, arcoíris, el ojo, el toroide, el corazón con alas. Yo le puse alas a todo: al huevo, a la tuerca. A lo que puedo le pongo alas. Es como un ansia de nacer todo el tiempo.
Amiga 1: Todo es muy retrospectivo, como una mini retrospectiva tuya hecha desde ahora, mirándote para atrás. Hay vacas, hay madonas.
Amiga 2: Y lo que decías recién: uno piensa la Madonna de los 80 como algo fijo, pero la Madonna de hoy también es tuya. Tu Luis Miguel es tu Luis Miguel de cuando vos quieras, si lo querés pintar hoy.
Amiga 3: Como que decir "ya lo hice, no puedo repetirme" es una trampa. Ella los hizo diferentes, pero diciendo: todo esto es mío. Puedo agarrar las imágenes que cree antes y usarlas de vuelta. Y siguen siendo actuales.
Amiga 1: En los empapelados la pintura se pintó sola, vos no la controlaste del todo. Y estas manchas blancas tampoco las pintaste. Hay algo de dejar que la pintura se manifieste por sí misma.
Amiga 3: Me encanta eso. Es lindo que también aparezca la mesa, que no haya bastidores ni cuadros colgados. Los rollos y la mesa hacen que todo sea más... En eso pienso, en lo sagrado y la casa: la casa como espacio íntimo, lo sagrado como lo que te conecta con otra cosa. La muestra tiene eso, es muy doméstica y a la vez tiene algo de extraño, de lo sagrado colándose en lo cotidiano.
Amiga 2: Está bueno que digas "la casa" porque yo pienso en eso todo el tiempo y sin embargo nunca lo nombramos. Está la mesa, está el empapelado, está la baldosa. Y la casa es también el lugar donde pueden haber apariciones.
Amiga 1: El empapelado hace eso: genera apariciones. ¿Viste el efecto de las maderas en el techo, que empezás a ver formas en el machimbre? Con los empapelados pasa lo mismo: los conejitos que aparecen, la mancha de humedad. Esa cosa de las apariciones de la casa.
Una conversación entre Fernanda Laguna, Santiago Villanueva y Diana Aisenberg, Mayo 2026.
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