por Patricia EspinosaFLORES Y FRUTAS
Por Patricia Espinosa

¿Quien lo diría? Flores y Frutas abandonando por fin la armoniosa quietud de las naturalezas muertas.Ni bucólicas ni campestres. ¿Urbanas? Tal vez si se considera que la artista jugó con ellas hasta inventar circuitos imposibles, diseños que hoy le permiten ironizar sobre algunos estereotipos de la cultura urbana.
Algunas estructuras (cruz, espiral, cruz esvástica) permiten una lectura rápida, y desde luego, engañosa; otras en cambio, ya desde el principio pretenden forzar el ojo del espectador. Lo desvían de sus carriles habituales, le imponen recorridos en los que inevitablemente se perderá. ¿Qué es lo que ocurre si no con el abigarrado cuerpo de “ïnsight” o con los caracoles en remolino de “paleta”
Las superficies de los cuadros son tan irreverentes como las figuras que se deslizan en ellas.
Aparecen bastidores en forma de huevo: ”una forma básica , como un cero, de donde todo puede nacer”, dice la autora como para calmar nuestra ansiedad. Pero quien confiaría en alguien que se dedica a burlar los viejos cánones de fondo y figura con precisión tan lúdica.
Así como los huevos encierran una multitud de iconos culturales, las otras telas saben dirigir sus huestes a lugares insospechados (observar los bordes y esquinas de “Marco” por ejemplo)
Hay también abismos en blanco, siniestros resplandores en negro.
El espacio se vuelve figura......¡Socorro!
La autora anuncia sin sobresaltos: “En esta obra los elementos son naturales, son productos básicos de la tierra; pero la organización es cultural, y cada nombre, cada titulo, lo certifica”
Los títulos son: paleta, museo, trayectoria, azar , credo, insight........y sus protagonistas (caracoles, ajos, choclos, limones, manzanas) parecen resistirse a formar parte de estructuras que no le competen. Allí están sin embargo en su más allá privado - puro color y energía vital - burlándose del mundo “inteligente” y de las etiquetas que este adopta
para calmar sus propias incertidumbres. De ese encuentro inesperado surge, en buena medida la excitante tensión de esta obra.
¿El arte imita la naturaleza? La naturaleza parece estar en otro lado y la pintora clama por ella y la convoca con el mismo gesto tembloroso de quien(hace millones de años) también debió acechar a una presa valiosa.
La pureza de estos cuerpos entregados al espacio, desprendidos de su contexto original (¿la naturaleza? ¿la realidad?)ignoran la broma que acecha en cada titulo, porque su destino es el vértigo, la fricción de los cuerpos, el vacío.
Es imposible olvidar que detrás de los artilugios de estas pinturas , hay una artista que se desvive por plasmar la forma verdadera, el movimiento eterno. Valga entonces la anécdota:
Diana suspira y pide al cielo: “Si pudiera conseguir un container de manzanas, y hacer que lo vuelquen sobre mí, y pintar eso que veo, tal vez lograría...........”De pronto despierta de su ensueño y se ríe de esa receta inútil, enseguida recuerda que la conquista de ese margen sin cubrir es parte de su destino y de su oficio. Finalmente, ese cuadro que parecía
imposible de pintar, ya está aquí colgado. Lo vemos inundado de manzanas furiosas, imposibles de domesticar. Parece que todavía lucharan en la tela, tratando de metabolizar sus rojos infinitos, devorando la química del pomo de pintura. Construidas a golpe de pincel, tal vez ninguna de ellas logre representar la manzana original; pero qué importa, si en la tela puede verse el gesto vibrante y definitivo de esa mano que rozó la forma verdadera, hasta dolerse.

Patricia Espinosa